¿Qué harías si alguien que te importa deja de respirar AHORA MISMO delante de ti?
Imagina que estás cenando tranquilamente con tu familia y, de repente, tu hijo de 4 años deja de respirar delante de ti.
O que estás tomando café con tu madre de 68 años y la ves desplomarse sin previo aviso.
O que tu pareja, la persona con la que compartes la vida, se lleva la mano al pecho y cae al suelo mientras tú miras sin saber qué hacer.
Puede ser un martes a las siete de la tarde.
Tu hijo pequeño está cenando y se atraganta con un trozo de carne.
La cara se le pone roja, luego morada, y ves cómo intenta respirar pero no puede.
Puede ser un sábado por la mañana.
Tu padre de 72 años está en la comida familiar cuando se lleva la mano al pecho, se desploma y deja de responder.
Puede ser un sábado por la mañana.
Tu madre juega con los nietos en el parque y de repente camina raro, arrastra las palabras y un lado de la cara se le cae. Ictus.
Cualquier día, cualquier hora, cualquier lugar. Y cuando pase —porque va a pasar— tu cerebro hará algo que no esperas: se quedará en blanco.
Sabrás que tienes que hacer algo. Pero no sabrás qué. Y mientras esa duda te paraliza, pasan 3 minutos, luego 5, luego 8. La ambulancia sigue sin llegar.
El 39% de las veces la ambulancia llega tarde
Cada semana, miles de familias españolas viven exactamente lo que acabas de imaginar.
Niños que se atragantan. Padres que sufren infartos. Abuelos con ictus. Parejas que se desploman sin aviso.
En el 39% de los casos, la ambulancia llega demasiado tarde.
Y no mueren en el hospital.
Mueren en casa, en el parque, en un restaurante.
Delante de su familia.
El 85% de las muertes eran evitables
Lo que más me revuelve el estómago es esto, el 85% de esas muertes se podrían haber evitado.
No hacía falta un médico ni un paramédico. Solo hacía falta que la persona que estaba al lado supiera qué hacer.
El padre que vio a su hijo atragantarse. La hija que vio a su madre desplomarse. El nieto que vio al abuelo dejar de responder.
Si hubieran sabido actuar, hoy seguirían vivos.
Seis de cada cien personas.
Tu hijo
Tiene 15 veces menos probabilidades de sobrevivir si se atraganta o sufre un accidente.
Tu padre
Tiene 15 veces menos probabilidades de que alguien sepa reanimarlo.
Tu madre
Tiene 15 veces menos probabilidades de que reconozcan su ictus a tiempo.
No es porque tengamos peores hospitales.
No es porque tengamos peores médicos.
Es porque 94 familias de cada 100 se quedarán paralizadas viendo morir a alguien que aman.
Mirando.
Gritando.
Rezando.
Sin hacer nada.
Es una estadística CRIMINAL
Pero lo peor no es la muerte.
Lo peor es lo que viene después.
Es despertarte cada mañana pensando «si hubiera sabido qué hacer…».
Es mirar la silla vacía en Navidad y saber que tú estabas ahí. Es cargar para siempre con una pregunta que nunca podrás responder:
¿Podría haberlo salvado?
Esa culpa no se cura con terapia.
No se supera con el tiempo.
No desaparece.
Solo se previene.
Elige la historia que
quieras vivir
Pero hay otra versión de esa historia.
Una en la que no te quedas paralizado.
Una en la que sabes exactamente qué hacer.
Una en la que, cuando la ambulancia llega, el paramédico te mira y dice:
—Le has salvado la vida.
Esa versión existe.
No requiere ser médico.
Solo requiere una cosa: estar preparado.
Hace tres semanas, un padre estaba cenando con su hija de 8 años cuando la niña se atragantó con un trozo de pollo y dejó de respirar.
El padre no gritó, no entró en pánico, no esperó a nadie. En 40 segundos, su hija estaba respirando de nuevo.
¿Era médico? No, era mecánico.
¿Tenía un don especial? No,
tenía 6 días de preparación.
Hace dos semanas, una mujer de 34 años estaba tomando café con su madre cuando esta empezó a arrastrar las palabras y un lado de la cara se le caía. La hija no pensó «será cansancio» ni esperó a ver si se le pasaba.
Llamó al 112 y dijo exactamente qué estaba pasando.
Su madre recibió tratamiento en los primeros 15 minutos. Hoy está viva, sin secuelas, jugando con sus nietos.
¿La hija era enfermera? No, era contable.
¿Tenía experiencia en emergencias? No, tenía 4 horas de formación.
Un programa con 6 módulos prácticos que te enseña exactamente qué hacer en las emergencias más comunes antes de que llegue la ambulancia.
Protocolos concretos que cualquier persona puede aprender y aplicar cuando más importa:
Atragantamientos
Paradas cardíacas
Pérdidas de consciencia
Hemorragias
Ictus
Shock e hipotermia
Las emergencias que ocurren en casas normales, a familias normales, cualquier día de la semana.
Si mañana pasa algo, solo necesitas recordar un módulo. El que corresponda. Y actuar.
Si tienes hijos pequeños
y alguna vez te has despertado a las 3 de la mañana para comprobar que siguen respirando, esto es para ti.
Si tus padres tienen más de 65 años
y cada vez que les llamas y no contestan sientes un nudo en el estómago, esto es para ti.
Si cuidas de tus nietos
y te aterra que algo les pase bajo tu responsabilidad, esto es para ti.
Si vives con tu pareja
y nunca habéis hablado de qué haríais si uno de los dos se desplomara, esto es para ti.
Si cuidas de alguien mayor
y sabes que eres su primera línea de defensa, esto es para ti.
Si alguna vez has pensado:
«¿qué haría yo si…?» y la respuesta te ha dado miedo, esto es para ti.
No importa si tienes 25 años o 70.
No importa si tienes hijos, padres, pareja o los tres.
Si hay una sola persona en el mundo a la que no quieres ver morir delante de ti sin poder hacer nada, esto es para ti.
Elige vivir en el ANTES o vivir en el DESPUÉS
ANTES:
Tu hijo se atraganta. Tú gritas, le das golpes en la espalda sin saber si lo estás matando o salvando, llamas al 112 con las manos temblando. Esperas. Rezas.
DESPUÉS:
Tu hijo se atraganta. Tú actúas. En 30 segundos está respirando. Cuando cuelgas el teléfono, ni siquiera has necesitado la ambulancia.
ANTES:
Tu padre se desploma en la comida del domingo. Todos gritan, alguien llora, nadie sabe qué hacer. Veinte minutos después, los paramédicos dicen «lo siento, hemos llegado tarde».
DESPUÉS:
Tu padre se desploma. Tú te arrodillas y sabes exactamente dónde poner las manos. Cuando llega la ambulancia, el paramédico te mira y dice: «Le has salvado la vida».
ANTES:
Tu madre empieza a arrastrar las palabras. Piensas que está cansada, esperas a ver si se le pasa. Tres horas después, en el hospital, te dicen que el daño cerebral es irreversible.
DESPUÉS:
Tu madre empieza a arrastrar las palabras. Reconoces las señales, llamas al 112 en el primer minuto. Tu madre recibe tratamiento a tiempo. Hoy sigue contándote sus historias.
ATRAGANTAMIENTOS
Los 60 segundos que deciden todo
Paradas cardíacas
Cómo mantener vivo a alguien hasta que llegue la ambulancia
PÉRDIDA DE CONSCIENCIA
Diferencia entre un susto y una emergencia mortal
HEMORRAGIAS
Cuando cada segundo cuenta
Cuándo presionar y cuándo usar un torniquete. Cómo identificar hemorragias internas que no se ven. Qué tener siempre en casa para actuar rápido.
Ictus
Los 15 minutos que salvan cerebros
Las 3 señales que te dicen que alguien está teniendo un ictus. El test de 60 segundos que puede hacer cualquiera. Por qué cada minuto de duda son 2 millones de neuronas muertas.
Shock e hipotermia
Las emergencias que no gritan
Cómo detectar que algo va mal aunque la persona diga que está bien. Señales de shock en niños que parecen normales. Emergencias de frío y calor que ocurren dentro de casa.
Cuando termines este programa, sabrás exactamente qué hacer si alguien se atraganta delante de ti.
Sabrás cómo mantener vivo a alguien con una parada cardíaca hasta que llegue la ambulancia. Sabrás reconocer un ictus en menos de un minuto y actuar antes de que sea demasiado tarde.
Sabrás diferenciar un desmayo sin importancia de una emergencia mortal.
Sabrás cómo parar una hemorragia que no deja de sangrar. Sabrás qué hacer cuando algo no encaja pero no sabes qué es.
En resumen, sabrás cómo salvar la vida de las personas que más quieres. Y eso es algo que nadie podrá quitarte nunca.
¿Quién te va a enseñar a salvar vidas?
Miguel Assal lleva más de 15 años trabajando en emergencias.
Ha visto morir a gente delante de él, en sus brazos, mientras intentaba salvarlos.
Ha visto a un padre llegar 3 minutos tarde porque nadie supo hacerle RCP a su hijo.
Ha visto a una mujer perder a su madre por un ictus que «parecía cansancio».
Pero también ha visto lo contrario.
Ha visto a un abuelo salvar a su nieto de un atragantamiento porque hizo un curso de primeros auxilios.
Ha visto a una hija de 28 años reanimar a su padre hasta que llegó la ambulancia.
Ha visto la diferencia que marcan unos minutos de preparación.
Después de años llegando tarde con la ambulancia, Miguel se dio cuenta de algo: los que realmente salvan vidas no son los profesionales que llegan después, sino las personas que están al lado en el momento que ocurre.
Por eso dejó de esperar a que la gente llegara al hospital y empezó a enseñarles antes de que lo necesitaran.
Es instructor del SAMU y Protección Civil. Autor del libro «Salvar Vidas». Ha formado a más de 3.000 familias en toda España.
Un curso
De primeros auxilios presencial cuesta entre 150€ y 300€, y tienes que desplazarte, cuadrar horarios y dedicar un fin de semana entero.
Un extintor
Que probablemente nunca uses cuesta 40€. Una alarma de hogar cuesta 30€ al mes para proteger tus cosas. Un seguro de vida cuesta 200€ al año, y solo sirve cuando ya estás muerto.
Este programa
Cuesta menos que cualquiera de esas cosas.
Y no sirve para cuando ya es tarde. Sirve para evitar que alguien muera.
por tiempo limitado
Piénsalo así:
Precio normal: 157€
Precio de lanzamiento:
Este curso está creado específicamente para padres y madres sin experiencia médica previa. No necesitas saber nada de medicina. Utilizamos lenguaje sencillo, vídeos paso a paso y simulaciones reales. Si sabes cambiar un pañal, puedes aprender a salvar una vida.
Los módulos incluyen protocolos específicos desde recién nacidos hasta adolescentes. Hay técnicas diferentes para bebés de meses, niños pequeños y adolescentes. Nadie queda fuera, independientemente de la edad de tus hijos.
Con dedicar solo 10 minutos al día durante una semana tendrás la seguridad de poder proteger a tu familia para siempre. Son menos de 2 horas en total. Menos tiempo del que dedicas a ver una película.
El curso está disponible 24/7 y puedes acceder cuando quieras, las veces que quieras. Puedes hacer un módulo hoy y otro la semana que viene. Lo importante es empezar, porque cada día que pasa sin prepararte es un riesgo más para tu familia.
Para nada. Está diseñado para que lo entienda cualquier padre, sin importar su nivel de estudios. Evitamos tecnicismos médicos y usamos explicaciones simples y directas. Si entiendes las instrucciones de montaje de IKEA, entenderás este curso.
El curso cubre las emergencias más comunes que pueden afectar a cualquier niño. Si tu hijo tiene condiciones específicas (asma, alergias severas, etc.), estos conocimientos son AÚN MÁS importantes para ti. Además, tienes acceso directo a Miguel para consultas específicas.
Para nada. Está diseñado para que lo entienda cualquier padre, sin importar su nivel de estudios. Evitamos tecnicismos médicos y usamos explicaciones simples y directas. Si entiendes las instrucciones de montaje de IKEA, entenderás este curso.
Sí. El curso incluye protocolos para toda la familia: bebés, niños, adolescentes y adultos mayores. Porque las emergencias no distinguen edades, y tú necesitas estar preparado para proteger a todos los que amas.
Es normal sentir esa preocupación. Por eso el curso incluye ejercicios de práctica y simulacros que puedes hacer en casa. La repetición crea memoria muscular. Cuando llegue el momento, actuarás por instinto, no por memoria.
Puedes cerrar esta página, volver a tu vida, a tus emails, a Instagram, a lo que estuvieras haciendo.
Puedes pensar «ya lo miraré otro día» y seguir siendo parte del 94% de españoles que no sabe qué hacer en una emergencia. Esa es una opción.
Pero hay otra.
Puedes invertir 67€ y unas horas de tu tiempo, y convertirte en la persona que sabe actuar. La persona que no se queda paralizada.
La persona que, cuando todos gritan, hace algo.
Cada año, más de 30.000 familias españolas viven una emergencia en casa.
Atragantamientos, paradas cardíacas, ictus, accidentes. No les pasa a «otros». Les pasa a familias normales, como la tuya.
Y cuando llegue ese momento, solo habrá una pregunta: ¿sabes qué hacer?
Si la respuesta es no, ya sabes lo que viene.
El pánico, la parálisis, la llamada al 112 con las manos temblando, los minutos eternos esperando a una ambulancia que no llega. Y después, la pregunta que te perseguirá para siempre: «¿Podría haberlo salvado?»
Pero si la respuesta es sí, todo cambia. No hay pánico, hay acción. No hay parálisis, hay protocolo. No hay «ojalá hubiera sabido», hay «menos mal que me preparé».
La diferencia entre esas dos versiones no es suerte, ni dinero, ni ser médico. Es preparación. Y esa preparación está a un clic de distancia.
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